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El Marmaray, el flamante proyecto para enlazar entre sí las dos orillas del estrecho del Bósforo (Estambul) con una nueva línea ferroviaria, se encuentra paralizado desde hace seis meses después de que la constructora española OHL decidiese, a mitad del trabajo, reclamar más dinero del que debía recibir conforme al contrato adjudicado en su día por las autoridades turcas.

El Gobierno de Reino Unido ha confirmado esta semana la venta de su participación en la operadora internacional de servicios de viajeros Eurostar por 585,1 millones de libras, unos 806,7 millones de euros. La venta, que el ejecutivo del país había planeado ejecutar hace ya dos años, pondrá en manos de dos fondos de pensiones -uno británico, el otro canadiense- cuatro de cada diez acciones de la empresa ferroviaria que conecta Londres con Bruselas y París.

La capital de Francia se prepara para realizar un gigantesco experimento con su tupida red de transporte público metropolitano, y a finales de 2015 establecerá un precio único para los cinco anillos concéntricos en los que se divide una malla entrelazada por centenares de líneas de todo tipo: ferroviarias, tranviarias y de autobús.

El pasado mes de noviembre el gobierno de Reino Unido completó el episodio más absurdo de todos los vividos (y han sido unos cuantos) en los poco más de 20 años que dura ya el experimento de la cosidetta liberalización del sector ferroviario. Tras rescatar una concesión abandonada sin contemplaciones en 2009 por la propietaria de Alsa, y gestionarla directamente con un éxito comercial rotundo durante cinco años, la devuelve ahora a manos privadas. 

La tozuda capacidad del sistema político estadounidense para bloquearse a sí mismo en cuestiones cruciales de índole interna es legendaria, pero en pocos campos se manifiesta de forma tan clara como en el de las infraestructuras. Dando un paso más, quizá no haya ejemplo más claro de esa parálisis institucional que el de un diminuto puente giratorio de eje vertical, con dos vanos móviles de menos de 50 metros de luz y siete de altura cada uno, que se ha convertido en uno de los peores cuellos de botella de la red ferroviaria para viajeros de Estados Unidos.

Mientras España se afana por extender el ancho de vía estándar europeo dentro de la Península Ibérica, un proyecto que es en cierta medida contrapuesto, y que está impulsado directamente desde el Kremlin, pretende hacer que el ancho de vía ruso penetre en el corazón de Europa, hasta el mismo corredor del Danubio.

Nuevo capítulo de la extraña situación provocada por la liberalización del ferrocarril en Reino Unido. ScotRail, la marca bajo la que el ejecutivo británico engloba a todos los servicios ferroviarios prestados dentro de las fronteras de Escocia, y cuya operación se adjudica en concesión al mejor postor, ha terminado en manos de los ferrocarriles de Países Bajos.

SNCF, la empresa pública ferroviaria francesa encargada de prestar el servicio de transporte de viajeros en Francia (y pronto también de la gestión de la infraestructura), ha hecho públicos y accesibles los datos de posición de sus trenes, lo que permitirá conocer a todos los usuarios cuál es la situación de los vehículos en tiempo real y observar de un vistazo en un mapa el comportamiento del tráfico ferroviario.

Thello, la operadora de servicios ferroviarios internacionales controlada al 67% por la empresa pública Trenitalia, y en la que también participa la cuasi pública francesa Transdev, ha confirmado al fin la fecha de apertura de sus primeros servicios en la Costa Azul. Desde el próximo 14 de diciembre, y usando material rodante convencional, Thello penetrará desde Italia en territorio francés con una única frecuencia diaria por sentido entre Milán y Marsella, frente a las tres que había anticipado hace sólo un año.

Network Rail, el administrador de infraestructuras británico que hasta ahora operaba fuera del ámbito de la contabilidad nacional, ha pasado a depender íntegramente de los contribuyentes británicos. Desde el pasado lunes, éstos ya pueden presumir de que su sistema ferroviario atesora nada menos que 43.000 millones de euros en deuda, y de que la mitad inferior del sistema vía+tren ha sido, a todos los efectos, nacionalizada.

El proyecto para la construcción de una línea de muy alta velocidad entre San Francisco y California ha superado este verano el enésimo escollo puesto en su camino por los numerosos grupos de presión interesados en que no salga adelante, y ha recibido además un espaldarazo muy esperado por parte del Gobierno Federal.

La red de alta velocidad de Turquía ha comenzado a tomar forma este verano, tras la apertura de una nueva sección que permite conectar, al fín, sus dos ciudades más importantes: Ankara y Estambul. La nueva sección, de doble vía de ancho internacional y electrificada a 25 kV CA, fue inaugurada el 25 de julio justo a tiempo para las elecciones presidenciales del 10 de agosto, con trenes de la fabricante CAF.

El Legislativo francés aprobó esta semana la reforma del sector ferroviario, en virtud de la cual desaparece el administrador de infraestructuras RFF y toda la gestión de la red vuelve a manos de la operadora pública SNCF.

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