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Jueves, 23 Agosto 2012 06:10

El candidato republicano para presidir EEUU propone eliminar las ayudas a Amtrak

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Acela Express en Marcus Hook, Pennsylvania Acela Express en Marcus Hook, Pennsylvania Kyle Gradinger en Flickr. CC-BY-NC-SA

El candidato republicano a la presidencia de los Estados Unidos, Mitt Romney, disparó la semana pasada en una entrevista para la revista Fortune un torpedo a la línea de flotación de la única operadora ferroviaria de viajeros de larga distancia de Estados Unidos, la pública Amtrak, al incluirla entre los capítulos que recortará de forma preferente si se convierte en el jefe de estado y de gobierno del país.

Al ser preguntado sobre cómo prevé limitar en el 20% del PIB el gasto público del gobierno, Romney señaló que eliminará varios programas de subsidios federales, entre ellos el que cubre el presupuesto anual de Amtrak. Acto seguido afirmó además que apoya los objetivos de algunos de esos programas, que en todo caso deberían ser autosuficientes económicamente. De algunos, pero no de todos: la empresa ferroviaria no figura entre los que considera necesario que sobrevivan.

El anuncio de Romney dibuja dudas sobre el horizonte financiero de Amtrak, que en el pasado año fiscal 2011 (octubre de 2010 a octubre de 2011) transportó a 30,2 millones de viajeros en cerca de 300 trenes de largo recorrido, que circulan por 46 estados cada día (PDF). Los servicios de corto recorrido que son operados o sufragados junto con autoridades regionales o estatales transportan por su parte cada año a cerca de 60 millones de viajeros adicionales.

Para equilibrar su presupuesto, Amtrak viene necesitando en los últimos ejercicios una transferencia anual del orden de los 1.500 millones de dólares (unos 1.200 millones de euros). Esta inyección es sin embargo insuficiente para cubrir las necesidades de capital de la empresa pública, que en los últimos años ha debido aplazar muchas inversiones en mantenimiento y mejora de las infraestructuras y el material rodante actuales, además de recurrir al endeudamiento.

El resultado es que, sólo para el ejercicio de 2013, Amtrak calcula un desfase (PDF) de 181 millones de dólares entre lo que dispone y lo que necesita para seguir funcionando. La situación de infrafinanciación, que se arrastra desde hace varios años, se ha visto agravada además por un incremento en los precios de la energía, que ha provocado alzas sustanciales en los costes del combustible diésel (ha pasado de 1,89 dólares por galón en 2009 a 3,11 en 2012).

Ante esta situación, cualquier nuevo recorte obligaría a la compañía a cesar de inmediato buena parte de sus servicios. Incluso el flamante corredor noreste de alta velocidad debería cerrar, puesto que sólo cubre los costes operativos. En su presupuesto para 2013 (pág. 11), la compañía reconoce esta situación bajo el epígrafe de riesgos, y señala que "si Amtrak no recibe suficiente financiación del Gobierno Federal, su capacidad para operar en las condiciones actuales podría verse afectada de forma adversa".

Añade, además, que "el negocio de Amtrak es intensivo en capital y, sin la suficiente inversión en capital, la compañía será incapaz de mantener y mejorar la infraestructura y el (parque de) material rodante actuales". Así las cosas, la propuesta de Romney equivaldría, si se materializase, a eliminar Amtrak. Y todo ello para recortar 1.500 millones de dólares anuales en un presupuesto, el federal, cuyo déficit es del orden de unos 1.300 billones anuales.

Preguntado por el diario político washingtoniano The Hill, Joshua Schank, el presidente del Eno Center for Transportation, un think tank especializado en transportes en los EEUU, señalaba su escepticismo sobre la propuesta de Romney, y afirmaba que "está bastante claro que reducir a cero (el presupuesto de) Amtrak sería todo un desafío. Probablemente sería más fácil de hacer con un congreso de mayoría republicana de lo que ha sido en nungún momento de nuestra historia, desde que Amtrak se creó en 1971".

Schank señala sin embargo que es improbable que las propuestas republicanas lleguen a tanto, y añade que los comentarios de Romney indican no tanto que el fin sea la eliminación de Amtrak por vía parlamentaria, y apunta a que los republicanos podrían optar en su lugar por privatizar algunas rutas y recortar -sólo en parte- su financiación.

Pero incluso el escenario de la reducción presupuestaria podría ser políticamente complicado, sobre todo en lo que atañe a la zona mejor cubierta por Amtrak: la costa este. "Si recortases el presupuesto de Amtrak mañana, la empresa comenzaría a cerrar servicios. Y el cielo se llenaría rápidamente. Habría que incrementar el número de rutas (aéreas) entre Nueva York y Boston, y el impacto se sentiría en todo el país", concluye Schank.

 

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